MANOLO CARO

Es casi 100 % seguro que hayas escuchado hablar de Manolo Caro y que te hayas
encontrado en una sala de cine o en el sofá de tu casa soltando una carcajada con
alguna de las situaciones que nos plantea en sus películas y series; desde su primer largometraje, No Sé Si Cortarme Las Venas O Dejármelas Largas (2013), pasando por La Casa de las Flores (2018- 2020), y hasta su proyecto más reciente para Netflix, Serpientes y Escaleras (2025), Manolo ha demostrado una agudeza mental admirable para la comedia negra y las situaciones familiares… curiosas. Su capacidad para diseñar personajes y mundos coloridos, pero repletos de una sátira oscura, es la razón por la cual es uno de los directores de cine mexicanos contemporáneos más destacables y consumidos.


Aunque, más que un «director de cine», Manolo siempre se ha considerado un
contador de historias, ya que, como él mismo cuenta, su trasfondo viene de la
arquitectura de interiores (y puede que de allí se derive su tan cuidado y destacable diseño de producción). De cierto modo, este creador es un amante de la narrativa y la interpretación que encontró en el séptimo arte un medio para expresar libertad.

Uno de los temas recurrentes en la obra del tapatío es la fragmentación de la
idoneidad, de la actitud perfecta; Manolo toma estereotipos de la sociedad mexicana y los coloca bajo su lente incisivo, mostrando lo que sucede tras las puertas cerradas: «Claro, yo creo que siempre tenemos que poner una careta, una máscara, para pertenecer, ya sea a una foto familiar, a una sociedad, a un trabajo, a una relación de pareja. Eso lo veo hasta normal, por así decirlo, porque es un mecanismo de autodefensa del ser humano», nos contó. «Donde yo peleo y la fachada que me gusta derribar y donde me gusta poner el dedo en la llaga, es en que esa fachada te la imponga la sociedad, no tú». Manolo opina que, en nuestro día a día, todos estamos interpretando a un personaje, y mientras realizar esta interpretación sea nuestra decisión consciente, no hay problema: «Lo que no soporto es el rigor social, la doble moral y la falsedad. Eso es lo que más peleo y hablo en mis obras».


En una sociedad como la nuestra, todavía repleta de prejuicios y un pensamiento
conservador, Manolo Caro ha decidido usar la comedia como su bandera para
enfrentar no solo al pensamiento estándar, sino también sus propios miedos y la
realidad que a veces nos negamos a ver. «Es muchísimo más fuerte y muchísimo más impactante cuando esto sucede a base de risas, ¿no? Te das cuenta de que te estás riendo de un personaje porque si te ríes de lo que le está sucediendo, es que lo sientes cercano». Para este creador, sacar una risa es un tema más complejo que rendirse a la lágrima y al melodrama, porque reír tiene más que ver con mirar hacia dentro de uno mismo. «Eso me encanta y yo creo que es el lugar y el género para dinamitar los prejuicios. Y por eso amo hacer comedia».

Otro manía recurrente en la obra del arquitecto que encontró en el cine su vocación es darle el control y los puntos de inflexión a las ovejas negras, pues para él, las personas que se salen del molde son aquellas que marcan una diferencia y que encuentran mayor satisfacción en el camino, tanto en ámbitos personales como profesionales. «Yo creo que ser diferente, ser único, defender lo que piensas, es algo que es invaluable, que es algo que que para mí siempre tendría que ser la bandera con la que hay que vivir», respondió Manolo ante la pregunta de por qué suele darle tanto peso a estas figuras en sus obras. «Todo se resume en una palabra, que es libertad. Yo nunca voy con una bandera intentando ser transgresor o disruptivo, no, lo que digo y lo que plasmo en mi obra es ser libre», a lo que Manolo añadió que, si todos viviéramos bajo este estandarte, viviríamos en una sociedad mejor. «A veces las ovejas negras suelen ser esas que nos cambian el rumbo y que nos hacen completamente feliz o hacen completamente feliz a la sociedad o a una familia. Así que yo siempre que pueda darle voz, lo seguiré haciendo».

Desde su primer cortometraje como director, Motel (2004 ), hasta hoy, Manolo Caro ha seguido una trayectoria repleta de proyectos que se han instalado en el imaginario colectivo del mexicano, cargados con mensajes que son muy suyos, pero en definitiva la familia es uno de sus temas más trascendentales: «He hablado mucho del amor, he hablado de muchas otras cosas, pero siempre la familia, la libertad ejercida en la familia, la comprensión, el darnos cuenta que somos un individuo y que una familia es un microcosmos de lo que es la sociedad y darle voz a personajes que yo en mi infancia no tuve la oportunidad de ver» son sus fuertes, temáticas que dan para un sinfín de historias con su sello, que seguirán llegando: «El mundo ha cambiado, la sociedad ha cambiado, México ha cambiado y yo creo que ir retratando ese cambio ha sido para mí lo más importante en mi proceso».

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