¿En qué piensas y en quién piensas cuando lees o escuchas la palabra “muralismo”? Tienes unos cuantos segundos para reflexionar, para que lleguen a tu mente facciones, fragmentos de obras y, por supuesto, nombres, porque, más que nada, los nombres son importantes. Son impronta y son legado; son, ligados a las acciones de manera estrecha, por lo que se nos recuerda.
Sigamos. Un instante más. “Muralismo”. ¿Hay colores que vienen a tu cabeza? ¿Temáticas? ¿Lugares, tal vez? Una oportunidad que se alarga una oración. Listo. ¿En qué pensaste? ¿Recordaste a Rina Lazo, o tal vez a Elena Huerta? ¿Llegaron a tu mente las tonalidades de los cielos de María Izquierdo? ¿O quizá la trágica historia de la última obra de Electa Arenal? Tal vez, solo tal vez, evocaste el rostro de Aurora Reyes: esos ojos con una ligera expresión de juicio constante, esos labios a través de los cuales se pronunitaron palabras que hoy ya se ha llevado el viento. Palabras de desafío y cargadas de verdad.
Sí, es posible que alguna de ellas estuviera allí, esperando, en tu memoria.
Es posible. Probable.

En un rincón de la Ciudad de México, poco documentado y todavía más poco conservado, se desgaja en el tiempo Espacio, objetivo futuro, mural de Aurora Reyes que es punto de reflexión crucial de Jugando con las Diosas, colección diseñada para convertir las memorias en materia y que presenta, sobre la pasarela, no solo los nombres ni solo las obras de mujeres que, como a Espacio, objetivo futuro, el paso de los años dejó de lado y olvidó, sino también sus contextos: pigmentos y texturas, modos y maneras, adaptados a un lenguaje nuestro, y ahora suyo.
De los pequeños actos típicos de una artista, como limpiarse las manos en su overol de mezclilla, las gotitas de pintura que como cristales adornan por accidente sus prendas, y hasta la complejidad de sus trazos y formas presentes en papel y cemento, es de lo que hablamos con chamarras, abrigos, sombreros, botas y camisas. Dotamos a la ropa de mística. Cardenal, Amapola o Marfil no son conjuntos de letras elegidos al azar, sino historias que necesitaban ser contadas.
Entre construcciones de cristales que asemejan anatomía y juegos de patronaje que revelan estructuras arquitectónicas donde se dejó la vida por el arte, homenajeamos colores de proyectos aplastados bajo el peso del ego, contrastamos estilos de vida que fueron plasmados por manos manchadas de pintura y esfuerzo, y enaltecemos los rostros que alguna vez otros decidieron olvidar.

A lo largo de 30 looks, te llevamos de la mano por los pasillos intangibles de un museo erigido a las leyendas perdidas, dándole a esas “ayudantes” y “colaboradoras” el lugar que siempre merecieron en la historia.
Recordamos a las que vinieron antes que nosotras. A las pintoras, que también fueron poetizas, a la vez que maestras, activistas, guías y, claro, diosas, porque, ¿de qué otro modo se le puede llamar a aquellas que crean y juegan con universos todavía en expansión?
