KARLA COVA VILLA
DC: EN TUS PROPIAS PALABRAS, ¿CÓMO DESCRIBIRÍAS A KARLA?
KC: Soy una mujer que decidió, en cierto momento, cambiar de lienzos. Trabajaba haciendo curaduría en un museo de arte contemporáneo, y con el tiempo fui entendiendo que donde más honestamente me expresaba era frente al fuego. Soy tapatía de corazón, apasionada por México y creo profundamente que la mesa es el lugar más importante de una casa. Me gusta aprender, compartir y cocinar para los demás. Eso, en esencia, es quien soy.
DC: USTED ESTUDIÓ HISTORIA DEL ARTE Y TRABAJÓ EN MUSEOS ANTES DE DEDICARSE A LA COCINA. ¿EN QUÉ MOMENTO SE DIO CUENTA DE QUE SU VERDADERO LIENZO NO ESTABA EN UNA PARED, SINO EN UN PLATO?
KC: Fue un proceso muy natural, no hubo un momento dramático. Estudié Gestión Cultural e hice una maestría en Historia del Arte, pero en Jalisco decidí dar clases de cocina y ahí es cuando realmente empecé a abrazar los fogones. El arte me enseñó a mirar, a entender que todo tiene una composición, una intención, una emoción por transmitir. Un día me di cuenta de que en un plato vivían exactamente los mismos principios. El museo me educó el ojo; la cocina me liberó las manos.
DC: EL ARTE CONTEMPORÁNEO SUELE ROMPER LAS REGLAS. EN TU COCINA, DONDE TE GUÍAS MÁS POR LA INTUICIÓN QUE POR LA TÉCNICA ESTRICTA, ¿CUÁL ES ESA "REGLA" GASTRONÓMICA QUE MÁS DISFRUTAS ROMPIENDO?
KC: La idea de que una receta es inamovible. Lo más importante para mí al cocinar es conectar con la creatividad y dejar que la receta se adapte a ti, basándose en los ingredientes y productos de temporada. Si el mercado hoy te ofrece algo mejor de lo que pide la receta, cámbiala. Eso no es un error, es criterio. La intuición no es descuido, es una forma muy honesta de cocinar.
DC: TE CONSIDERAS "MAXIMALISTA CON EL COLOR". ¿CÓMO TRADUCES LA RIQUEZA VISUAL Y TEXTIL DE MÉXICO EN LA ESTÉTICA DE TUS PLATOS?
KC: México me enseñó todo sobre la generosidad del color. Los mercados, los bordados, las celebraciones, los moles, nada se hace a medias. Aunque me considero maximalista, colorida y muy folclórica, siempre incluyo color en la vajilla, las flores, los manteles y la cristalería. Cuando pienso en un platillo, también pienso en cómo se verá en la mesa. El ojo come antes que la boca, y eso lo aprendí en los museos y lo perfeccioné en las cocinas de mi país.
DC: TITULASTE TU LIBRO "CHULA, ESTÁS CABRÓN". MÁS ALLÁ DE LA COCINA, ¿CÓMO APLICAS ESTE MANTRA DE EMPODERAMIENTO EN TU DÍA A DÍA Y QUÉ MENSAJE BUSCAS DAR A LAS MUJERES QUE TE LEEN Y TE VEN?
KC: Ese título nace de algo muy personal. De los días en los que dudé, cuando partí de cero en otro continente y no sabía si alguien me iba a escuchar. Me lo tenía que decir a mí misma. El mensaje que busco transmitir es que con amor propio, sentido del humor y perseverancia se puede llegar muy lejos. Y también que la vulnerabilidad y la fuerza no se contradicen, se necesitan. Si mi testimonio o mi experiencia puede servirle a otras mujeres, estaré encantada de serles de utilidad.
DC: EMPEZAR DE CERO EN MADRID POR AMOR SUENA A PELÍCULA, PERO CONLLEVA ENORMES DESAFÍOS. ¿CUÁL FUE EL MAYOR DESAFÍO DE REINVENTARTE EN OTRO CONTINENTE Y CÓMO TE AYUDÓ LA COCINA A ECHAR RAÍCES ALLÍ?
KC: El mayor desafío fue el tiempo. Hacer amigos, encontrar trabajo, darse a conocer puede parecer fácil, pero no lo es, especialmente cuando has vivido toda una vida en otro lugar. Cocinar era mi idioma cuando todavía estaba encontrando mi lugar. Un guiso de mi casa, el olor a chile tostado, eso me recordaba quién era cuando Madrid todavía se sentía extraño. Aprendí que se puede ser de dos lugares al mismo tiempo, y que cocinar es el puente más generoso que existe.
DC: LA MATERNIDAD LLEGÓ A TI EN UN MOMENTO DE GRAN PLENITUD. ¿DE QUÉ MANERA HA CAMBIADO TU PROCESO CREATIVO AHORA QUE COCINAS Y COMPARTES TU VIDA CON TU HIJA?
KC: Me ha hecho cocinar con más presencia, si cabe. Antes cocinaba para compartir con amigos, con alumnos, con el mundo. Ahora también cocino para construir un recuerdo. A Madrid llegué recién casada con la cocina a todo gas, y hoy es un hogar junto a mi marido y mi hija Constantina. Lo que ella huela, pruebe y vea en esta cocina va a formar parte de lo que es. Esa responsabilidad me parece la más bonita que existe. No me ha quitado creatividad, me la ha afinado.
DC: COMPARTE UN SECRETO CON NOSOTROS: UN LUGAR ESCONDIDO, UN MERCADO O UN PUESTO CALLEJERO EN MÉXICO O MADRID QUE SEA UNA JOYA OCULTA QUE TODO AMANTE DE LA BUENA COMIDA DEBERÍA VISITAR.
KC: En México, sin duda: el restaurante Tlamanalli de Abigail Mendoza en Teotitlán del Valle, Oaxaca. Es cocinera, alquimista, investigadora y conservadora de las tradiciones zapotecas. Sentarme en su cocina y dejar que me sirviera sus moles ha sido una de las experiencias más bonitas que he vivido. No es un lugar que se anuncie. Hay que ir con tiempo, con hambre y con ganas de algo real. Eso es lo que siempre busco, lugares donde la comida todavía tiene su propia historia.